miércoles, 11 de octubre de 2017

Mereces recibir

Si tengo que pedir que me llames, mejor no lo hagas, si tengo que pedir que me busques mejor piérdete, si tengo que pedir que estés conmigo quédate donde te encuentres, si tengo que pedirte ser una prioridad, quédate con tus opciones.
Yo soy un placer, mi compañía enriquece, soy divertida, lista, y tengo el don de convertir un mal día en un día feliz. Son suficientes razones para no tener que pedir, soy una persona que también merece recibir.

viernes, 31 de marzo de 2017

Buscando la mujer perfecta.

Durante mi juventud busqué a la mujer perfecta. Cuando llegué a Damasco conocí a una mujer linda, pero ella no era inteligente.
Continué viajando y en Isfahan conocí a una mujer muy inteligente pero no era bonita.
Entonces peregriné a El Cairo, donde conocí y cené con una muchacha bonita, espiritual e inteligente.
– ¿Y cómo que no te casaste con ella?
– ¡Ah mi querido amigo! ¡Ella también buscaba al hombre perfecto!
("lo mejor es enemigo de lo bueno” “el cuerpo perfecto, la pareja perfecta, el trabajo perfecto: la neurosis perfecta”… Tener las cosas claras y no conformarse con migajas es una cosa, buscar la perfección es otra....)


jueves, 23 de febrero de 2017

"Es tan agradable cuando la gente tóxica se aleja, es como si la basura se recogiera sola."

miércoles, 26 de octubre de 2016

Una vez quise ser hombre



Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse.
Pero soy mujer y, aunque puedo
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.
Rosa María Roffiel


jueves, 12 de noviembre de 2015

Haz lo que sea para que no parezca amor

Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
 *Roy Galán*

domingo, 27 de septiembre de 2015

MI PRIORIDAD

¿Quién soy yo para atarte a mí?
Lo supe desde el día en que no recibí ese mensaje de “Buenos días” que solías enviar. En mi cabeza era imposible creer lo que en realidad estaba pasando, pues no quería aceptar que se alejaba. Me aferré a la idea de que me quería tanto como yo. Me hice ilusiones, no sé con qué, pero las hice. Y con el paso de los días me fui dando cuenta de lo engañada que estaba al creer que esto era más de lo que realmente fue.
Llegué a la conclusión de que para él solo era una opción. Cuando, para mí, él era mi prioridad. Por más que me negué a esa idea se hacía más evidente con los días y al final me negué a darle mis días, mi tiempo, y mi vida. No sé por qué estaba tan enamorada de él. Creo que porque despertó cosas que yo pensaba que ya no existían. Me dio las ganas de levantarme y de poder decirme a mí misma: “aquí estoy, ya es tiempo de querer”.
Lamentablemente solo fue una expectativa. No lo juzgo, yo tampoco soy lo que él quería, como también él no fue lo que yo esperaba. El amor no viene con manual de instrucciones, menos con advertencias, eso es algo que uno ya debería saber. Existe la posibilidad de un fracaso, de decepciones, como también la posibilidad de ser feliz, de reír, de pensar en él las 24 horas del día, porque si voy a querer, voy a querer bien y no a medias. Así soy yo, creo que por eso me afectó tanto.
No miento, me dolió mucho tener que despedirme de él sin darle muchas explicaciones ¿Cómo se suponía que tenía que decirle que quiero ser su prioridad? Es como obligarlo a que se interese más en mí, a que me dedique más tiempo, a que me quiera como yo a él, y yo no soy tan poca cosa para mendigar amor.
Él sabía lo que yo sentía por él y sin embargo no lo supo valorar ¿Y quién soy yo para atarlo a un amor inaudito? Realmente pensé que teníamos algo y que existía la idea de tener un futuro juntos. Pero no. Mejor ya no. Porque me valoro y ya dejé de ser su opción, porque sé que tarde o temprano llegará el día en que yo sea la prioridad de alguien más.
Pero primero debo ser mi prioridad.
Artículo por Gabriela Bolaños